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5.1.04

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

(De Palabras para Julia. José Agustín Goytisolo)

Afrontar la vida desde un punto de vista religioso no significa tener la receta de la vida. Quizás estemos acostumbrados a confudir la fe con lo políticamente correcto o con un club de amiguetes.

No es así.

El vértigo de amar a alguien. Esa camisa que no hay forma de que te quede en el cuerpo cuando muere alguien cercano. Un niño recién nacido. Las vueltas en la cama al verte perdido en la inmensidad del tiempo.

Querer vivir desde la fe tiene que ser ABRIRSE AL MISTERIO, o se convierte en sucedáneo adulterado que irrita y da asco.

No es fácil estar en guardia y no dormirse en los laureles.

(...)
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
(...)
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
(...)
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
(...)



3.1.04

No es mala época la Navidad para empezar este invento 

En estos días he vuelto a caer en la cuenta de la contradicción a la que nos enfrentamos los cristianos: creemos que Dios se ha encarnando, se ha hecho hombre como nosotros y al mismo tiempo uno se da cuenta de lo poca cosa que es, una especie de manojo de impulsos, pulsiones y repulsiones que te zarandean como a un pelele.

Fue en la Misa del Gallo donde me di más cuenta de esto porque en la liturgia se celebraba con enorme solemnidad este acontecimiento y sin embargo mi estómago seguía alucinando con la cena desproporcionada que acababa de propinarle, los párpados se me caían ayudados por el vinito, el cava... en fin, que no estaba muy centrado que digamos. Bueno, podría seguir dando ejemplos de este tipo (como cuando en Misa está uno pensando en las musarañas...) pero tampoco hay que pasarse.

En estos días de descanso he estado visitando una blog que me ha enganchado mucho llamada "eso que llaman mi vida", en la que una chica de treinta y tres años (yo tengo treinta), que vive sola (como yo), cuenta las aventuras y desventuras de eso que llaman vida. Aparte de que Alicia (ese es su nombre) escribe muy bien, me ha llamado la atención su sinceridad. La mayoría de los post son muy tristes, descarnados... no trata de impresionar a nadie, sino que más bien muestra sus miserias. Y eso me ha gustado. No sé muy bien si será el mismo impulso mórbido que lleva a nosecuantos millones de espectadores cada noche a ver crónicas marcianas (espero que no), no sé si es que es más interesante el dolor que la alegría.

¿ Es posible creer que la vida tiene sentido y no ser un tostón de tío?

Prefiero Sabina a las canciones de esperanza ñoña. Prefiero el ojalá de Silvio Rodríguez al ojalá de Juan Luis Guerra (aunque no me desagrada, la verdad) y me ronda por la cabeza la duda de si la tristeza, la pena, la angustia no será más interesante que la esperanza, la fe... pero de todas formas uno, que no es ni la alegría de la huerta ni un pañuelo de lagrimas se enfrenta a una tarea diaria que no está mal: HACER ALGO CON LA VIDA.

Si además, uno tiene fe la cosa se simplifica por un lado (no tiene lugar lamentarse por el sinsentido de la vida) pero se complica por otro (¡¡¡ ser coherente!!!).

Poco a poco.
"A cada día le basta su propio afán".

Bienvenida a mí mismo 

Había pensado llamar a este weblog "teología pedestre para melancólicos" porque me gustaría mostrar en estos posts algunos retales de esta vida mía que se mueve en una doble dirección:

1) Se me van los ojos hacia arriba.
2) Se me hunden los pies en el suelo.

Eres lo que oras, pero también eres las ganas de llorar , la sensación de ser vivido por la vida, el dolor de cabeza... en suma los ascensos y caídas de ese raro asunto que es la vida.

El misterio no desaparece cuando uno se encuentra con Cristo en su vida. Al revés, crece la paradoja de saberse hijo de Dios y hermano del barro. El sentido y el caos van de la mano.


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